Una batalla entre el dogma y la fantasía.

Cuando ayer Cinemark 9 abrió sus puertas, la función de las 19 horas de
“El Código Da Vinci” estaba agotada.
Sin embargo, no fueron más de 10 personas quienes acudieron a la primera exhibición.
La mayoría de ellos se mostraron satisfechos con el filme y quisieron dar su opinión
(ver recuadros).
Dentro del selecto grupo llamó la atención varias personas que se reconocieron católicas o cristianas y que aseguraron no haber sentido ningún tipo de ataque en contra de sus creencias. Es más, invitaron a todos a verla.
En nuestro país el filme debutó en 78 salas, con una calificación para mayores de 18 años, precedida de una campaña informativa de parte de la Iglesia hacia los fieles que incluyó folletos explicativos en la misa del domingo y en colegios católicos.
Los espectadores que asistieron al estreno en Santiago también la recomendaron. La Cámara de Comercio Cinematográfica calcula que hasta el mediodía de ayer, unas 30 mil personas habían adquirido un boleto para ver la cinta.
El organismo proyectó además que el peak de público se produciría después de las 19 horas de ayer, hecho que se constató en Mall Plaza Trébol. “Una película muy linda”
“No me pareció tan polémica como dicen, sino que tiene un enfoque súper armónico en el que te dejan una puerta abierta para que saques tus propias conclusiones. Es un relato novelado en que recrean partes de la historia y del arte. Es la eterna duda entre lo divino y lo humano”, comentó la profesora de música y de catecismo Gema Pereira, quien pertenece a la congregación de Los Sagrados Corazones. “Nunca se nos dijo que no podíamos ver la película.
Al contrario, porque es una de las alas más progresista de la iglesia.

Me pareció muy linda”.
“Verla no es pecado”
“Yo la recomiendo a todos.
La voz de la iglesia somos nosotros mismos y nada puede desarmar mi fe.
Hay que fijarse en lo que uno hace como ser humano.
Las personas pueden hacer muchas cosas que son delito o pecado: como tratar mal a los hijos o explotar a los trabajadores, pero ver una película no está entre ellas.
No hay razón para sentirse ofendido”, comentó Carol Crisosto, quien finalmente enfatizó: “Jesús siempre habló en favor de la libertad de expresión y de la tolerancia. La película es maravillosa.” “Publicidad exagerada”

El público penquista no estuvo ajeno al fenómeno de la cinta y quienes fueron a la primera función aprovecharon de dar su opinión respecto al filme. “Se aleja un poco del contenido del libro, pero hay partes interesantes como cuando van a la tumba de Isaac Newton y usan la tecnología en vez de ir a la biblioteca.
La dirección es buena y tiene un ritmo excelente”; comentó Nestor Araneda, comunicador audiovisual y estudiante de Periodismo.
La funcionaria pública Berta Mella dijo que “la película es muy buena y te mantiene todo el rato entretenida. Uno va descubriendo los secretos junto con los protagonistas y se generan expectativas.
Yo soy cristiana y me parece que la publicidad fue muy exagerada.
Vine con mi hija porque ella es católica y quería que la viera y se formara su propia opinión.” Reacción mundial Una situación muy distinta a lo sucedido en Chile durante
las primeras horas de la exhibición de la cinta se dio en otros lugares del mundo donde sobraron los calificativos como “filme sacrílego” o que “malinterpreta la historia del Catolicismo”, y tras su proyección en Cannes la prensa utilizó apelativos como “torpe”
y “porquería”. Ayer la polémica se extendió a países de distintas creencias.
En Rusia, la Dirección Espiritual de los Musulmanes exigió a las autoridades que prohíban la exhibición, una situación que se repitió en China, Filipinas y Tailandia.
En el resto de Europa también hubo manifestaciones como la que ocurrió a la salida de un teatro de París donde más de 200 personas protestaron contra la cinta.
En Argentina, un abogado católico presentó un amparo judicial para que en la difusión del filme “se aclare que se trata de una ficción y no responde a datos históricos” sobre el cristianismo, mientras que en Perú, el arzobispo de Lima y purpurado del Opus Dei, dijo que la cinta no debe ser “un criterio” para callar a la Iglesia Católica e instó a emitir “un juicio moral”. (Agencias) Más entretención que polémica El exceso de controversia es una buena estrategia publicitaria pero también puede jugar en contra de un filme por las altas expectativas que se generan.
En la última década el director Ron Howard ha demostrado eficiencia a la hora de crear productos de entretenimiento como “Apolo 13” o “Una mente brillante”, haciendo gala de un buen manejo del suspenso, buenas actuaciones y una sutil mezcla de acción e intimidad dramática.

En ese sentido “El Código Da Vinci” cumple con creces con lo que se podía esperar del director. En dos horas, Howard logra mantener la atención del espectador gracias a un ritmo veloz, un guión conciso y la aparición de personajes intensos como el asesino Silas (Paul Bettany) o el investigador Leigh Teabing (Ian McKellen), así como el uso de didácticos efectos visuales y flashbacks explicativos.

Más allá de la conspiración y las conjeturas sobre la vida de Cristo, que dan pie a un nuevo y fructífero round entre el dogma religioso y la libertad de expresión,
“El Código Da Vinci” es un filme policial de acción con todas las virtudes y falencias propias de ese género. Por ejemplo, hay ausencia de seguridad en el Louvre,
la policía es incompetente y además suceden esas milagrosas coincidencias que le salvan la vida a los protagonistas en el último segundo.

Quizás el gran mérito de la cinta sea generar un debate mundial, pero además abre una puerta al interesante mundo de la iconología (estudio de los signos en el arte) al cual Dan Brown se acerca con la osadía de un seguidor aficionado y fantasioso.
De ahí que este “código” destaque más por lo entretenido que por la verosimilitud de sus conjeturas. (A. P.) EL SUR