¿Teología del fracaso? "Una lectura sugerente" Pedro Pablo Achondo ss.cc.

Si el grano de trigo no muere no da fruto.
¿Es que la labor del grano se entiende como un fracaso?
¿Es que la muerte es leída, en su mayoría, como un fracaso?

El movimiento de Jesús tenía todo para fracasar.
La predilección de Jesús por los fracasados: mujeres, extranjeros, viudas, iletrados, pobres; lo testimonia.
Efectivamente murió y fracasó.
Las mismas decisiones y enseñanzas: alejarse de los privilegios, no desear el poder, no pagar con la misma moneda, amar a los enemigos, etc.
Pese a todo, aconteció algo: la relectura de su vida a la luz del hecho-experiencia de la resurrección.
Y finalmente no fracasó.Sucede así con movimientos sociales, con labores de grandes hombres, con proyectos que parecen utópicos.
Los gestores carismáticos mueren en el fracaso, en el olvido, en la incomprensión. ¡Cuántos santos nos testimonian esto!
Y, sin embargo, no fracasan. Otros se interesan por aquello que intuyeron.


El grano de trigo murió.
Así, radicalmente. Murió. Luego algo nuevo germinó.

¿Qué significa eso para nosotros?

El cristianismo, tal como hoy lo entendemos: con sus jerarquías, complejas organizaciones, instituciones diversas, formas de relacionamiento, horizontalidad y verticalidad, etc. Llega a su fin -si es que ya no llegó- y brotará algo nuevo.

Con la misma semilla interior. Con el mismo espíritu y Espíritu. Con las mismas búsquedas.

Mas, renovado. El ADN del grano de trigo es el mismo que la planta de trigo ya madura y pronta para alimentar a millones de hambrientos, pobres y ricos, hombres y mujeres, ancianos y niños.Brotará, del fracaso -aparente y real-, una hermosa planta nueva.

Un árbol de mostaza donde todos anidaremos.
Justamente de esa forma es como los cristianos debemos leer la vida.
A partir del fracaso.
Es así como ponemos en el Dios de la vida todo.
Es así como tenemos la certeza que finalmente no somos nosotros solos quienes hacemos que la semilla brote.
Es Dios. ¡Es su obra! La semilla muere.
Estemos ahí o no.
Estemos despiertos o durmiendo.
La tentación de rechazar el posible fracaso está siempre presente.
Unirse a las grandes estructuras, a los dominadores, acceder a privilegios que nos aseguren éxito, evidencian nuestra humana fragilidad, temor y falta de confianza en Dios.
El poder fracasa. Jesús, luego de haber hecho el camino del no-poder
(Fil. 2, 5-11) no fracasa.
La kénosis no fracasa. Porque ahí es donde se realiza el Reino de Dios.

He ahí la paradoja.¿Teología del fracaso? Puede ser.

Sólo esbozamos una forma de enfrentar los hechos.
Una forma de leer la historia a la luz de la fe. A la luz del acontecimiento Cristo.

¿Nuestra tarea?

Alimentar la semilla, regarla, darle cariño, cuidarla, abonarla, limpiarla de las hierbas que la ahogan y, en Dios, esperar que muera.
Esperar que “fracase.

ESCRITO POR PEDRO ACHONDO SS.CC.
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