Soy viejo y tengo que aceptarlo. Esteban Gumucio



Soñando apenas con mis piernas, con mis ojos lentos,
he descendido al dominio de los cojines
y las necesarias frazadas.

Soy viejo y tengo que aceptarlo,
instalado como un felino, de pantuflas,
al calor de las olvidadas estufas de los viejos.

Es la hora de los libros dormidos intermitentemente,
mientras te declaras enemigo de las bicicletas...


Soy viejo, y tengo que aceptarlo,
rodeado de casa a medio construir,
apacentando niños que corren más allá,
al otro lado de la ventana...


Sin embargo, en la sombra,
por las grietas de mi secreta muralla inconclusa,
soy capaz de salir a volar por encima de los techos
y reírme de los reumatismos.


Dentro de mí hay agazapado un niño enamorado de las hojas,
de las alas, de los colores, de la risa...


Cierro los ojos; los dejo ir al otro lado del río...
Cuando empiece a morder el frío, regresaremos,
a esperar que suene el despertador del día siguiente.



En la capilla, Tú me esperabas para empezar la oración.
Yo dije: "Abre, Señor, mis labios; y mi boca proclamará tu alabanza"...
Tú estabas allí, tan joven, siempre...


Aceptación de Esteban

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