Hágase Tu voluntad, pero ¿Podrías echarnos una manito?




Hoy es Viernes Santo. En Chile es un hermoso día de Otoño, todavía las flores del verano adornan los cercos de las casas, y las nubes del invierno del Altiplano se atascan en la Cordillera de los Andes sin compartir con nosotros su humedad. Solamente su belleza. Las iglesias se visten de ropajes color violeta y la televisión trata de ponerse a tono, con poco éxito, transmitiendo Ben-Hur por enésima vez. Las personas comen pescados y mariscos como desaforadas, creyendo que la antigua prohibición de comer carne se refería a la carne de vacuno, y la traducen como la obligación de comerse el Océano Pacífico de una vez. Pobre del que ose decir que se comió una carne a la plancha a mediodía y que ayune el resto del tiempo. Será mirado como un provocador insolente por las turbas olorosas a pescado frito que no tienen idea lo que significa la tradición religiosa del ayuno. Bueno, para pueblos que han pasado hambre por generaciones, es difícil que comprendan las virtudes del ayuno, es como algo fuera del tiempo y que corresponde a una cultura ya muerta, y se están poniendo al día con ansiedad.
Texto secundario

La televisión nos muestra flagelantes en Filipinas, cofradías encapuchadas en Sevilla y mercados atiborrados de comidas y cantantes en México. En Chile, la gente se va a meditar a la costa, que queda al lado, y así cumplen a la perfección el rito pascual nacional en las pescaderías de San Antonio o de Valparaíso.

La luna está casi llena, y los judíos actuales deben estar celebrando con alegría su liberación de la esclavitud en Egipto en su Seder de Pessah. Los niños harán preguntas rituales ¿Por qué esta noche es diferente? Cantarán canciones milenarias, comerán pan sin levadura y yerbas amargas, se juntará toda la familia y dejarán abierta una puerta por si algún judío no tiene dónde celebrar la Pascua, o por si viene el Profeta Elías. Pero, crean o no en Yahvé, celebrarán la fiesta que une a la familia.

Ajeno a todas estas tradiciones, en el tiempo atemporal, Jesús comparece de nuevo ante Pilatos. Jesús, el joven soñador e iluminado de esa aldea perdida de Nazaret, se enfrenta con los poderes mundanos establecidos, y es condenado de nuevo a la muerte más humillante y dolorosa que el Imperio reserva a los que osan desafiarlos: la crucifixión.

En días anteriores, tuvo un atisbo de esperanza. Entró a Jerusalen montado en un burrillo que le prestaron sus seguidores. El pueblo lo recibe agitando palmas, porque para muchos, los más pobres y avergonzados, la palabra de este hombre les da esperanza y un poco de amor a si mismos. A otros, este iluminado que les critica su modo de vida, su poder, su riqueza y su egoísmo, no les causa mucha gracia. Y a los poderes establecidos, que bailan al son de la conveniencia política, al son de la fuerza y del poder, muchísimo menos gracia. Es francamente molestoso. Ni los sacerdotes del templo, ni Roma, ni Wall Street, ni París, ni Sanhattan están para reformadores iluminados que los critiquen abiertamente. La Pax Romana globalizada es impuesta con mano dura, y los gobernadores locales, ya sean seculares o religiosos, no quieren ser víctimas de esa mano dura. Ellos quieren una buena vida, con todos los lujos de la época, buena comida, buenos carros, esclavos productivos, comercio entre todos, buenas carreteras para aumentar el comercio, bancos confiables que pagaran el producto de las caravanas, caminos libres de asaltantes, jornaleros que trabajaran lo máximo posible sin descanso, pueblos dóciles y con un sano temor a la ley que les construyan sus hermosas ciudades al lado del Mar de Galilea, el Océano Pacífico o el Caribe, por dónde suele predicar Jesús. Y todos en su lugar, las mujeres y paganos fuera del Templo, los Samaritanos lejos, los sacerdotes y levitas en su pureza ritual dirigiendo la organización religiosa y la recolección de impuestos y los invasores romanos en sus villas dando fiestas para los ricos locales.

Sólo que Jesús no se cansa de decir que a Su Padre, no le gustan los ricos, ni los explotadores, ni los egoístas, por mucho que se golpeen el pecho, y hagan sacrificios en el Templo. Y dice también que las mujeres pueden al igual que los hombres entrar en el Reino, que la impureza externa no contamina, sino lo que sale de nosotros, nuestras acciones, nuestras palabras,,,

Además de decir cosas escandalosas, Jesús se junta con gente despreciable, que son sus amigos y amigas, come con ellos, los sana, los consuela y los considera su familia. No anda con dinero en los bolsillos, seguramente anda descalzo y apenas con una túnica, diciendo cosas provocativas como por ejemplo que un samaritano, ser depreciado por los judíos por ser racialmente mestizo, puede ser caritativo, y quizás un sacerdote, o un levita, miembros de la clase sacerdotal, racialmente puro y que cumple con todas las reglas de la pureza ritual, puede ser egoísta y no tener misericordia y con eso ofender al Dios de los Judíos, que los ha liberado de su condición de esclavos en Egipto y que les ha dado normas de organización, como para que el pueblo de Israel, de Europa o de América sea un ejemplo de justicia, de misericordia, de protección a la viuda, al huérfano, al jornalero y al extranjero.

Caro le cuesta a este hombre amoroso, pero sin pelos en la lengua, su atrevimiento, y lo peor es que en estos tiempos, le sigue costando igualmente caro. Porque el mundo no ha aprendido nada del ejemplo de Jesús. Ni moros ni cristianos, ni judíos ni gentiles, ni puros ni impuros.

Los descendientes ideológicos del Imperio Romano siguen sembrando la Pax Romana a punta de guerras por todo el mundo. Los comerciantes y los ricos actuales aspiran lo mismo que los comerciantes y ricos de la Palestina del siglo I, es decir su goce máximo y que los pobres, los enfermos, es decir ”los perdedores “ cómo tan tiernamente dicen los norteamericanos, se volatilicen y no los inquieten con sus cuitas. Las altas clases sacerdotales, se enredan en problemas de ortodoxia y pureza igual que los Fariseos, o de pureza llevada al sumum, igual que los Esenios de Qumram y terminan por alejarse del pueblo corriente. Las masas cambiaron el circo por la televisión o el foot-ball, y mientras tanto los políticos, al igual que en el Imperio Romano, son venales y corruptos.

Actualmente un hombre dulce y bueno como el Dalai Lama, está siendo acosado por una gran potencia que se apoderó de su país. Un país que no molestaba a nadie. Pero quién le va a decir nada a la gran potencia, y si se enoja capaz que no nos venda sus chucherías, ni nos compre nuestro cobre, ni que se yo qué, entonces todos calladitos.

Voy a Calera de Tango, a una iglesia jesuita de 1700, a escuchar el coro de niños huilliches de Chiloé cantar piezas del cancionero barroco jesuita de las misiones de Chile, que estuvo perdido por 200 años. Sale la luna llena detrás de los árboles, se ve la Cruz del Sur al costado del campanario y siento la belleza de esas voces infantiles cantando en Mapugundun. La más hermosa de las canciones se llama El Nombre de Jesús, es decir Yeshúa, que quiere decir “Yahvé salva”. Y pienso que ese Yahvé, como lo llaman los judíos, el que creó estas cosas tan bellas como la luna, las estrellas, la música, los niños, las tardes de comienzo de Otoño, la cordillera, las viñas, el Padre de ese Jesús, tan amoroso, tan libre, tan confiado, no nos puede dejar orbitando eternamente en nuestra imbecilidad. Si hemos logrado tantos adelantos materiales, nos tiene que ayudar a mejorar nuestro modo de vivir en familia, si envió a Jesús a enseñarnos como ser más libres y más felices, si nos demostró con la crucifixión cuan malos y ciegos somos, ¿No nos podría echar una manito de nuevo? ¿Cambiarnos una neurona? ¿Mandarnos una iluminación? Es decir, ¿salvarnos?

Yo se que es tarea nuestra el hacer algo con nuestra libertad, el problema es que la maquinaria contra la que gritaba Jesús, la maquinaria del poder, del egoísmo, de la soberbia y la arrogancia, de la opresión y la mentira ha cobrado vida propia, y es más, se ha globalizado y se ha hecho más poderosa.

Aquí entra el tema de la esperanza, virtud que Jesús se empeñó en regalarnos. Cómo ante tanta sinrazón, tener la confianza de que el Padre nos va a iluminar y vamos a encontrar el modo de derrotar estas fuerzas que nos aplanan. Hay que hacer algo, hay que trabajar para después esperar con confianza que la siembra de frutos, dice Jesús en una parábola, ¿Entonces, por dónde deberían ir nuestros trabajos? Yo, personalmente pienso en una sociedad más sencilla, más austera, menos voraz, más humana, que no privilegie la ganancia económica por sobre la humanidad y el amor. La voracidad del consumo, nos consume. La falta de esperanza en que exista realmente una resurrección de nuestra alma, hace que el consumo aquí y ahora, sea la única meta. La inconsciencia de que la humanidad es familia, que todos somos uno, lleva a la destrucción banal.

Y como el nombre de Jesús se ha convertido en parte del establishment, y es de buena crianza decir que uno admira a este personaje, Su misión se ha perdido detrás de la palabra que lo designa, e incluso su nombre se usa para invadir países en misiones mesiánicas.

A mi me sigue conmoviendo su entrega y su confianza en un Dios Bueno, y voy a seguir apostando por esa opción, que es la que mejor se me aviene con mi carácter, que es la única que resuena con mi espíritu y me permite dormir bien de noche y es la única opción que me hace feliz desde dentro y me libra de la ansiedad existencial. Así espero y confío que al fin de esta vida, seguirá vivo nuestro espíritu y volverá poco a poco a la Gran Fuente de donde partió, cumpliendo aunque sea en parte, la misión para la cual fue creado. Y no le temo a la muerte, porque mi Padre Creador es Bueno y Misericordioso como dijo Jesús, y estoy segura de que me acogerá, es decir que resucitaré en el Espíritu.

Supongo que eso será lo que llaman Fe. Hay días en que lo tengo claro, otros en que me tienta la desesperanza, y así vamos tirando para delante. Pero los días de desesperanza, trato de no llenarlos con consumo voraz, porque no me lleva a ningún lado, y a lo más engordo, por mencionar una faceta de la voracidad.

Termino este artículo en Pascua de Resurrección, cuando se celebra la Resurrección de Jesús, el triunfo de la víctima sobre el victimario, la dignificación del crucificado, la dignificación de todos los crucificados por la vida, el triunfo de la idea de que nuestro espíritu vivirá y no se acabará todo con la muerte o terminará en ese lugar triste e indefinido que era el Sheol del antiguo judaísmo. Junto con la Resurrección, el Espíritu de Dios viene sobre los seguidores de Jesús y los invade de una fuerza nueva que les permite seguir adelante dando testimonio de que algo bueno pasó en el mundo, Jesús fue avalado por Dios en su mensaje y fue dignificado, Jesús decía la verdad, era el reflejo de lo que el Padre quería para nosotros, eso nos dicen los apóstoles.

Si uno realmente logra tener fe de que Dios existe y es Bueno, la mitad de los problemas de la vida están solucionados. La otra mitad, corre por cuenta propia, pero ¡Por Dios! Que nos hemos aliviado.
Olga Larrazabal Saitua


2008