Queremos servidores y no “gerentes” de la grey

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El Laicado tiene el  derecho y el deber de hacer escuchar su voz ante sus Pastores, de esta forma se cumple el concepto y la praxis de la libertad de palabra en la Iglesia.
En atención a lo que  ocurre con el verdadero terremoto de la Iglesia institucional en cuanto a la jerarquía y la lucha del movimiento osornino. Felicitar a la comunidad de creyentes de Osorno, pueblo de Dios,  que supo poner el tema denunciando a Juan Barros Madrid , cuando nadie daba crédito a sus interpelaciones, cuando la mayoría de los obispos cerraban filas en favor del círculo de poder de Karadima, hasta ser ofendidos por el mismo Papa Francisco ,  así como cierta mayoría de laicos en la Iglesia chilena, que cerraron sus ojos, incapaces de discernir y ponerse solidariamente al lado del pueblo sufriente que luchó y siguen luchando por esta imposición del Obispo Barros, encubridor de abusos sexuales. Que tras la venida del obispo de Roma, fueron objeto de burlas y perseguidos para anular sus pacíficas acciones, tanto por la misma institución y por la policía que no les dejaba tranquilos durante sus manifestaciones públicas. Aún así, no lo lograron, gracias a Dios.
Como laica católica -hoy como ayer- recalcar a mi hermanos en la Fe, por su tesón y constancia de hacernos ver que el reinado de Dios no puede ni será posible si nos mantenemos en silencio frente abusos de poder y de carácter sexual. Dónde no  se puede validar la palabra de nuestro Señor cuando se actúa en la oscuridad como se ha desenvuelto hasta hoy la mayoría de la jerarquía episcopal. Que nada será distinto si nuestros obispos cómplices no dan un paso al costado, en referencia al Comité Permanente del Episcopado, primeramente, luego los obispos involucrados y pertenecientes al círculo íntimo de Karadima, esto debe suceder  antes del encuentro con el Papa en el Vaticano. Además, tienen la obligación moral de resolver los  graves problemas que a todos nos atañen de modo urgente, en transparencia a la luz de Jesucristo, de lo contrario, será solo una alerta de terremoto que no va a pasar más allá que una mera admonición.
Además, pongo en la mesa, haciendo  notar, los serios y graves problemas en la conducción episcopal desafectada del real  significado del Magisterio Supremo de la Iglesia ( Concilio Vaticano II) con su modo y estilo de hacer  Iglesia desunida al Pueblo de Dios.  El llamado urgente es interpelante para que nuestros obispos y sacerdotes sean servidores genuinos del pueblo y no los “gerentes” de la grey.
Finalmente y lo planteo con convicción y mansedumbre; si un  obispo no  tiene en cuenta al Evangelio para “servir” al Pueblo de Dios,  debe sincerarse y, en conciencia, renunciar a su cargo diocesano, más aún si se considera filialmente la nueva mirada y orientación que Francisco entrega en su valiosa Carta a los Obispos de Chile.
Carol Crisosto Cádiz   /   Diplomada en Estudios Religiosos
Laica Católica  –   ss.cc. Concepción