Pin Pon mi primer muñeco
Pedro Lemebel comento un dia: Tal vez la televisión para los niños ha reemplazado al libro de cuentos, las hadas, las princesas y todo ese mundo etéreo que protegía a los peques de las maldades del mundo, que los aislaba de la dura realidad con su arqueológica miel de fantasía. Así, la caja luminosa ha impuesto tíos, madrinas y parvularias que creen entretener con su cantito bobo a los pendejos drogados hoy por los monos japoneses. Pero hace varias décadas, la memoria de una pasada niñez archivó una serie de programas a la hora de onces para nuestra ingenua vida de enanos pegados a la tevé. Por entonces, en la Unidad Popular, estaban los Mimos de Noisvander animando la matiné izquierdista en ese clima alterado por el cambio social. También Pin Pon, el muñeco saltarín que se empequeñecía sobre el piano de Valentín Trujillo entonando su pegajosa canción. Pero Pin Pon era un símil de Pinocho, una marioneta viva que enseñaba a jugar pintando, a jugar haciendo la cama, a jugar tomándose la...