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Caras vemos, corazones no vemos.

Comparto carta del cura Alberto Toutin sscc en reacción a las palabras del Obispo Medina sobre la homosexualidad.           L amento que la forma de referirse a las personas de condición homosexual se las asimile a una “desgracia”, comparable “al nacimiento de un niño sin un brazo”, una “limitación” que dificultaría el llevar una vida lo más común posible. En la experiencia de acompañamiento de personas de esta condición, me han comentado que desde el despertar a la sexualidad descubren como lo normal para ellos su inclinación hacia las personas del mismo sexo.    El tono con que Mons. Medina se refiere a los homosexuales no ayuda ni a superar esta crisis ni menos a hacer brillar la verdad de la que somos portadores y servidores. Alberto  escribe:       En la entrevista realizada a Mons. Jorge Medina por el periodista Rodrigo Barría de la revista Caras , aparecida en la misa en la edición del día 27 de...

Si los homosexuales creen que la Iglesia no es sensible a sus reivindicaciones, estamos mal. Si ellos consideran a la Iglesia enemiga de su causa, entonces, estamos muy mal.

¿Cómo no va a ser importante para nosotros como Iglesia la lucha que ellos están librando en búsqueda de mayor respeto a su dignidad de personas, de más inclusión en la sociedad? Ellos tienen derecho a soñar con una sociedad que no los humille, ni los maltrate, ni los insulte en la calle, ni comente irónicamente sobre ellos a escondidas. Lo que le sucedió a Daniel Zamudio no debe volver a ocurrir en nuestro país y la lucha que los homosexuales están dando va en esa dirección. Hace un tiempo vino a conversar conmigo una joven lesbiana y me preguntaba cómo debía llevar su condición. Yo, intentando ser sincero con lo que pensaba y no solo queriendo ser simpático, le dije que debía aceptarse así como era, como lo hace el que tiene una enfermedad y acepta cargarla como parte de su vida. Ella me respondió: “¿Entonces, yo soy un error de Dios?”. Ahí todo se me confundió, no sabía qué decirle y, de pronto, comenzó a instalarse en mí una certeza: la de que ella era hija de Dios con todas sus ...