Qué escándalo sería hoy día releer la encíclica Rerum Novarum, cuando habla de la apostasía de las masas, y para qué decir que todas las encíclicas sociales condenaron el liberalismo clásico; leer a Mounier y los pequeños miedos de la burguesía, en el siglo XX, o buscar las relaciones con el marxismo, hoy parecerían obsoletas.

Para qué hablar del profetismo de Charles Péguy cuando escribía que
“la revolución será moral o no será nada”, o el desprecio del burgués que siempre anda en la cuerda floja, según Thomas Mann, por su miedo a caer en la proletarización.

Ya no hay poesía, ni sueños, ni vuelos del cóndor sobre el liberalismo y el colectivismo; hoy todo es prosaico y vulgar; lo único que importa es lograr el poder y conservarlo; ya no interesa el servicio a los demás, lo valioso es mantenerse entre la casta privilegiada, para lo cual, la Concertación lleva ya 17 años de poder, producto de la incapacidad total de la oposición.
Los presidentes se hacen elegir por el pueblo, en base a promesas que, a los pocos días, terminan mientras exponen ante los empresarios en “las Casas de Piedras”.

Luis Gumucio Rivas.

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