Femicidio un crimen por convicción.





En estos días, claramente, observamos las conductas de muchos agresores que recurren al femicidio; son los que sienten que sus parejas se les escapan de sus manos, ansiando libertad para llegar a vivir en paz. Pero sus parejas o ex parejas agresoras no perdonan que se aparten y , las matan.
No debemos dejar de precisar que cuando ellas están a su lado son sometidas en el empleo la violencia para que conductalmente las mujeres se muevan dentro de unos parámetros que respondan, especialmente, a la voluntad de los hombres que las agreden; son unos convencidos de su legitimación para utilizar la violencia de género; arma que utilizan para inutilizar la personalidad de las mujeres y llegar a conformar un ser, con una nueva identidad, donde sea sometida y subordinada a los deseos de ese hombre que no soporta que la mujer tenga vida propia.

Hay hombres, agresores de mujeres, que reciben socialmente el código masculino dominante hereditariamente, pues son los que entienden que sus parejas son las que tienen no sólo que comportarse de una manera determinada, sino que ’ser’ de una manera muy determinada.
Cuando la mujer opina, siente, razona, se conduce, se comporta, se expresa o se emociona apartándose del patrón de personalidad que el agresor piensa debe ser el apropiado para ’su mujer’, así hay hombres que recurrirán a la violencia psicológica, así como otros las ajustarán con violencia física y sexual, pero todos estos hombres tienen el solo objetivo de ’reconducir’ la personalidad e identidad de la mujer hacia parámetros de conveniencia masculina.


Hemos construido, una sociedad que está apoyada en códigos de dominación masculina; el hombre es un tirano que cree en la legitimidad de sus actos para someter a la mujer a un orden determinado donde impone su voluntad por medio de violencia en el marco interpersonal de la relación de pareja.

Estas situaciones sociales están construidas con nuestros prejuicios, con nuestros modelos mentales son nuestra típicas formas de entender el mundo. Y estos productos mentales continúan heredándose pues en la familia donde se practica la primera y más fuerte socialización ; costará muchos años y desigualdades todavía revertirlo, ante todo un radical cambio exige que todos y todas lo tengamos claro, claro que existe y claro que queremos cambiarlo. Habrá que continuar revisando nuestras conductas y sino lo hacen ellos comencemos nosotras con los hijos e hijas y no esperar que nuestra descendencia sea heredera de este mal comportamiento dentro de la pareja.

Al final, pues, el hombre agresor no ejerce su violencia hacia la mujer en la conciencia literal de que lo hace porque ella es una mujer, sino en la convicción de que tiene derecho a someterla, a corregirla como persona, porque tiene superioridad moral sobre ella. Tal vez, si nos imaginamos la configuración de ese derecho tradicional y hegemónico en la mente del agresor, estaremos en mejores condiciones de entender la secuencia de violencia que conduce al femicidio
El femicidio representa el fracaso del agresor para someterla.
En realidad es incomprensiblemente creer que el agresor no hubiese querido llegar al asesinato, no lo querría, sino es dado antes en función del código moral que la sociedad ha establecido para respaldar su conducta auto legitimada de violencia, luego se ve obligado a llegar a esa solución final.
La realidad de muchas mujeres es mucho más trágica y persistente de lo que inclusive suponemos.
Lo que prefiere un hombre violento sería continuar ejerciendo su tiranía y tortura sobre la mujer durante toda la vida.
El agresor llega hasta el asesinato porque la mujer quiere ser libre, y tener la libertad que no ha sido dada en esta imperfecta democracia chilena.
Muchas de las muertes se producen en el contexto de una eventual ruptura de la pareja a instancias de una mujer, una prisionera, que quiere romper sus nocivos vínculos y reencontrar su identidad arrebatada o tener una nueva sin trabas . Por eso las matan y las seguirán matando . Carol Crisosto.
Fuente: nodo50.org