#Busdelalibertad (mujeres y hombres homosexuales, bisexuales, transexuales)


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Guillermo Rosas SS,CC.

Recorran los buses que quieran, del color que se les antoje, las calles de Chile. Tienen derecho a expresar su opinión. Pero, ¡no usen en vano la gran palabra libertad, ni confundan con medias verdades! La Verdad nos hace libres, dice el Evangelio; esa Verdad que es Jesucristo, no unas pocas frases sesgadas. Él fue un hombre libre: acogió a todos, abrazó a todos, miró con cariño a todos, respetó la primordial dignidad de todos. Y puso un fundamento que nada puede relativizar como principio de relación entre los seres humanos: el mandamiento del amor. "Ámense unos a otros como Yo los he amado". Acoger y amar. A cada ser humano.
No habría que agregar nada más. Pero las circunstancias urgen: acoger y amar también a aquellos seres humanos que, habiendo existido siempre en la historia de la humanidad, por primera vez en esta historia se están abriendo un espacio de reconocimiento en las sociedades de hoy: mujeres y hombres homosexuales, bisexuales, transexuales. La emergencia y visibilización de estos hermanos y hermanas asusta, escandaliza y hasta endurece a algunos, tal vez encerrados en moralidades tradicionales, interpretaciones fundamentalistas o parciales de la Biblia, o en otras ideas fijas sobre el hombre que no se han cuestionado. Están invitados a preguntarse qué significa acoger y amar HOY, en un mundo que ha cambiado, que evoluciona y se transforma día tras día. Lo nuevo podrá asustarnos a todos, pero los seguidores de Cristo estamos llamados a mirar lo nuevo con los ojos de Dios, que permanentemente "hace nuevas todas las cosas". Y a hacerlo desde los grandes principios de la fe, especialmente el amor al prójimo.
Tal como Jesús exigió ayer un "cambio de mentalidad" (metánoia) a quienes lo escuchaban y siguieron, nos lo pide a los cristianos de hoy. ¿Cómo acoger y amar HOY? Ciertamente no del mismo modo que ayer. Entre muchas otras cosas, ya no es posible justificar la discriminación a los hombres y mujeres LGBT. Ellos y ellas son, cada día más, parte del “nosotros” de la humanidad. Están aquí, “saliendo del clóset” cada día, dando la cara a pesar de las incomprensiones. Tienen los mismos derechos fundamentales que todos. Son hijos de Dios de igual dignidad que todos los seres humanos, creados “poco inferiores a los ángeles” (Sal 8). Los que son cristianos tienen por el bautismo la misma condición de sacerdotes, profetas y reyes que todos los bautizados. Son parte de la Iglesia, miembros del Cuerpo de Cristo.Sobre todo: tienen derecho a ser quienes son y a amar y amarse como todos los seres humanos. Tienen derecho a no vivir escondidos ni equilibrando dobles vidas desgastantes, injustas y, muchas veces, trágicamente truncadas por el suicidio.
Me parece que es eso lo que está en juego con la deambulación del bus naranja. Parece ser conducido por personas que no reconocen la diversidad real ni creen en la igual dignidad de todos los seres humanos. Y que, además, optan por decirlo agresivamente por las calles de las ciudades, esparciendo en forma de consignas, verdades junto con medias verdades que, o bien confunden, o crean un clima de radicalización e intolerancia. De paso, le niegan a Nicolás lo que verdaderamente necesita: una familia donde sea acogido y amado, no un papá con pene y una mamá con vulva, para usar -sólo por esta vez- el mismo lenguaje callejero y provocativo del mentado bus.
Que nuestras ciudades sean recorridas por el Espíritu de la Libertad, el Espíritu de Jesucristo, libre como Él y colorido como el arcoíris que Dios creó como signo de la alianza con sus criaturas.
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