Homilia Mateo 10, 26-33
"No tengan miedo".
Jesús repite estas palabras a una comunidad vulnerable, observada y cuestionada. También hoy las escuchan muchas mujeres que han sido silenciadas, excluidas o consideradas menos importantes dentro de la sociedad y de las iglesias.
El Evangelio revela un Dios que conoce cada cabello de nuestra cabeza. No somos anónimas para Dios. Nuestra dignidad no depende del reconocimiento de otros, sino del amor incondicional que nos sostiene.
Cuando Jesús dice que lo proclamemos desde las azoteas, invita a romper los silencios que encubren injusticias. La fe no es obediencia ciega; es valentía para anunciar la verdad, defender la vida y acompañar a quienes sufren.
Confesar a Jesús hoy significa ponerse del lado de las personas descartadas, de las mujeres que luchan por ser escuchadas, de quienes viven violencia, pobreza o discriminación. El miedo divide; el amor libera.
El Dios de Jesús no gobierna mediante el temor. Nos llama a vivir con libertad, a reconocer nuestro valor y a construir comunidades donde cada voz tenga lugar.